El aumento de la temperatura local denota que la herida está infectada y su medición contribuye a la evaluación y diagnóstico de la herida crónica y profunda con infección de la piel en derredor. La evidencia que respalda tal circunstancia en el cuidado de las heridas crónicas es muy limitada. Este ensayo piloto se realizó para cuantificar la relación entre el aumento de la temperatura de la piel perilesionada y la infección de la herida, así como para validar el uso del termómetro infrarrojo manual en el cuidado de la herida.
Se utilizó una muestra con dos grupos reclutados de un centro médico de heridas crónicas, sin heridas (n= 20) y con úlceras crónicas en las piernas (n= 40). La temperatura de la piel se comprobó mediante un termómetro infrarrojo manual en el centro médico. La información de los análisis se basó en la diferencia (Delta) de la temperatura de la piel (en grados Fahrenheit) entre el centro de la herida y un control contralateral. La infección de las heridas se identificó utilizando métodos validados y el juicio clínico. Asimismo, se obtuvieron hisopos bacterianos semicuantitativos de todas las heridas.
Se analizaron estadísticas descriptivas con las pruebas de Χ2. El coeficiente de Pearson r de examen y reexamen de la temperatura de la piel demostró la veracidad o no del termómetro infrarrojo. La correlación del aumento de temperatura de la piel perilesionada con la infección de la herida se determinó por una prueba de Kruskal Wallis. El termómetro infrarrojo demostró ser fiable en r=0,939, (p= 0,000; IC del 95%), identificándose una relación estadísticamente significativa entre el aumento de la temperatura en la piel perilesionada y la infección de la herida (F= 44,238; p= 0,000; IC del 95%). Se demuestra que el aumento de la temperatura de la herida es un método fi able y puntual para su cuidado, y permite cuantificar el calor asociado entre la infección y la del derredor de la piel, para monitorizar el estado de la herida.




